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La chica que susurraba a los caballos con resaca de Jäger barato y sonrisa magnética.

Me he dejado una cerveza al sol, por si le da por venir a enfriarla con sus manos gélidas,que anuncian holocaustos en mi entrepierna.
Me he (des)sintonizado de todas sus emisoras, por si salta una canción que me recuerde al trayecto desde mi boca a su cuello y tenga que hacer las maletas y colgarme el cartel de "Peligro: riesgo de combustión espontánea".
Me he dejado un "no te das cuenta pero me salvas la vida si me invitas a abrazarte mientras duermes" y me he desvestido despacio por si venía a jugar al escondite con mi ropa interior. 
Me he dejado un "elijo tus desayunos y tu cresta ilíaca prominente" en mis caderas, por si un día le da por morderlas otra vez y proclamarle la guerra a mi sístole y a mi diástole. Y no quede más remedio que acostumbrarse a la termogénesis de su mirada.

Y puede ser que haya vuelto a buscarte en el polvo de antes de la ducha y en el mirador más alto de Granada, aunque la Alhambra no se atreva a iluminarse por si la deslumbras con tus abrazos arrítmicos.

So-called Chaos.



Caos transparente que atraviesa mis intestinos, que se para en la esquina de una habitación con trozos de abismo recompensado. Caos que se arrepiente de haber entrado camuflado entre espuma de cerveza, bebida a sorbos directamente de la botella. Caos que se endurece y adquiere forma, color, olor y cierta nota de suicido esperanzador. Por si nos toca dar el salto (in)mortal.

Caos exuberante, que se pasea por tus escenarios,que te desviste la memoria con la mirada y la maneja a su antojo para desempolvar verdades absolutas que un día se dejaron caer en el huracán de una inconsciencia comprada en un mercadillo barato.

Y ahora sonreímos a los extraños más cercanos, y decoramos castillos de orden aparente y portamos cintas de Möbius en las muñecas (las mías, decías, ¡eran tan finas y elegantes!).Y el caos se acurruca en mi tabaquera anatómica. Y empieza a llover fuerte. Pero tú no lo oyes porque por dentro llueve más.

"El misterio es  que no hay ningún misterio”.



Encontrar lo olvidado en piezas de otras derrotas.



Pequeños placeres como despertar oliendo a café recién hecho o tener ácido láctico en la zona abdominal.


En invierno apareciste tan intelectual e introspectiva que amenazabas tormenta.
Y a mí me pillabas con un abrigo verde sin capucha.

Después escondiste el vértigo en tus labios 
y lo desvestiste con arpegios llenos de supervivientes a tu incendio.
Y luego te escuché tocar.
Y me quedé totalmente desafinada.
Se te daba bien tensar las cuerdas,
y al final,descubrí que se te daba mejor tensar mis caderas.

En primavera viniste sin ropa interior a leerme un poema,
que hablaba de amor y otros trastornos del sueño,
prendiendo velas de “quédate a dormir, prometo no hacerte hueco en mi cama”.
Y a mí se me derretía la incertidumbre de saber
si te irás un día y te dejarás todos los recuerdos que me has regalado
en un bolso de Bimba & Lola
tirado en una carretera a ninguna parte.

Y ahora me regalas flores y me dedicas libros que no son tuyos,
pero en mi cabeza aparece tu cara en la portada
y yo no quiero parar de reír,
como cuando me haces cosquillas a traición
o pides besos debajo de pañuelos,
que no huelen a menta,
pero resguardan del frío de después.

De después de correr(me) detrás de tus pasos armónicos,
los mismos que me acompañaron
un día de tu cama a la parada de autobús,
que vio el comienzo de otro incendio en nuestras pupilas.

Sospecho que guardas un verano entre las piernas.



Créeme.


Créeme

cuando te diga
que el amor me espanta
que me derrumbo 
ante un "te quiero dulce"
que soy feliz abriendo una trinchera.

Créeme 
cuando me vaya
y te nombre en la tarde,
viajando en una nube de tus horas
cuando te incluya entre mis monumentos.

Tal vez esta noche decidas volver.


Desangelar los recuerdos que quedaron en un simple frenesí de caderas en los que hubo momentos en los que ardíamos para sobrevivir.
Y ahora ardemos por inercia-la de mi boca a tu sexo-y  te recuerdo con la memoria de un paisaje inundado de humo de cigarro consumido de tanto mirarte las maneras.
Y encontrarte en un andén esperando a la chica más guapa de la estación.
Pero ella nunca aparece y yo no puedo evitar acercarme a ti y vaciarte las nostalgias con abrazos que chocan la distancia disculpable disfrazada de corazón desorientado.
Y acabar pensando en los peligros del primer café y en el reclamo de un último beso que no quiero que llegue,y así,es casi obligado que tengas que venir a silenciar los momentos de cordura en mi espalda con besos que superan el umbral de armonía desintegrada que olvidaste mezclar en mi almohada una noche de coma etílico en tus piernas.

Y darme cuenta de que esnifarme la frecuencia de tus latidos es mi forma preferida de morir de sobredosis.


La balada del café triste.

(...) ¿Qué clase de amor era, pues, aquel? 

En primer lugar,el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. 

Con mucha frecuencia,el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante.No hay amante que no se dé cuenta de esto,con mayor o menor claridad;en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces  una soledad nueva y extraña,y este conocimiento le hace sufrir.No le queda más que una salida,alojar su amor en su corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un nuevo mundo interior,un mundo intenso,extraño y suficiente.

Por esta razón,la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes.Y la verdad es que,en el fondo,el convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante,y con razón: pues el amante fuerza la relación con el amado,aunque esta experiencia no le cause más que dolor.

(La balada del café triste,de Carson McCullers.)

Primavera que no llega.

Cambiar la ubicación de las cosas es mi forma de subestimar a la incertidumbre que viene para quedarse, que llega y no se va, simpatizando con tu boca, casi rozando la locura, rompiendo distancias de seguridad para que no quede más remedio que silenciar los momentos de cordura nitrogenada a base de aforismos tatuados en un discurso de caderas, en el que hubo un tiempo en el que ardían.

Y es que a veces se nos olvida que las sábanas no están hechas para mojarlas con lágrimas.

Volver a correr(me) los 100 metros curvos.

Volver a escribirte
Es sentirte cerca,o muy lejos, pero siempre dentro.
Es acostumbrarme a tu manía de enfriar cervezas y corazones,
Es querer  volver a revolcarme en tu cama,
la luz de las velas,
Y sentir que quiero volver a correr 

los 100 metros curvos entre tus piernas.

Volver a escribirte
Es desear volver a invitarte a cenar para chocar copas de vino
Y que sea primavera y nos pille amaneciendo en mi sofá.

Volver a escribirte
Es contradecir las leyes de la teoría cuántica,
que dilatan el tiempo 
-y aquí lo único que se dilata son mis pupilas- cuando cambias tu almohada por mis caderas.

Volver a escribirte
Es querer pasar todos los comas etílicos a tu lado,y secarte las lágrimas a besos de certidumbre -impregnadas en mis puntas quemadas-.


"BUSCAR: no es un verbo sino un vértigo.No indica acción. No quiere decir ir al encuentro de alguien sino yacer porque alguien no viene"-Alejandra Pizarnik.

Febrero.


Yo solo quería jugar, cambiar los peones por reinas y oírte suspirar.

Puedo decir que atrapé el primer suspiro que salió de tu boca. 
Y por el camino eché mano rápidamente a las primeras palabras que se me ocurrieron, 
por inapropiadas, para retenerlo y que no se me escapase volando.

Yo solo quería bailar, pero luego llegó tu manera de sujetar la cerveza
y ,entonces, ya solo quería temblar, temblar calmando las ansias 
de no querer no tocarte más allá de la mesura. 
Y crearte una sinfonía cada noche

Desnudabas la poesía como rutina, 
y yo me moría de celos,
porque quería que me desnudaras a mí.
Luego esa extraña manía de hacer que las sábanas 
se corriesen para luego echarle la culpa al temporal.
Que la lluvia se cuela entre tus brazos, para verte dormir

Incertidumbre lo llaman algunos, 
yo lo llamo olvidarse el tiempo 
y perder las maneras dentro de tu cama, 
que tu risa está más cuántica que nunca
y mis bragas no se atreven a contrariar la ley de la gravedad.

y ahora solo quiero seguir tus huellas, 
hacer bucles con tu pelo en un concierto, 
acurrucarme en tus caderas, y cuidarte. 
Sobre todo cuidarte,sentirte tan dentro 
que cualquier día pueda reventar, y no solo en tu cama.

¡Cómo no perder las maneras! 
Si tu piel guarda los “quédate” y “no te vayas” más bonitos de Sevilla.
Y haces que todos los días sean viernes si tú quieres.

Fragmento de "La casa de hojas".

"O en inglés, Truth & Truth, que se puede convertir en las siglas TNT. Por tanto, Verdad y Verdad se convierte en otro nombre del nitrato de tolueno o C6H5CH3 - que no hay que confundir con el C16H10N2O2 -, o bien dicho en una sola palabra, el trinitrotolueno. El TNT trasmite por tanto una extraña coalición de sentidos: por un lado la idea de duración y transcendencia y por otro la de violencia y extrema inflamabilidad. 

Que también son las siglas de los Transmisores Neuronales Tecnológicos, otro juego de palabras y una historia que no tiene nada que ver con ésta. O, tal como Lude señaló una vez, también significa Tetas & Traseros, es decir, algo explosivo, es decir, algo orgásmico, es decir, un juego de palabras que pronto se multiplica y lo convierte todo en algo distinto, y que ahora, mientras me pongo al día, adónde he ido y adónde no he ido y a que será mejor que vuelva, es muy posible que no haya sido en absoluto un juego de palabras, sino una pura y simple bifurcación de la verdad, con una unidad semejante, y atención, que aquí hay un eco a mano. 

Es muy posible que sea mejor tomar como punto de partida la articulación del conflicto: la Verdad y sólo la Verdad lo es todo, a fin de cuentas, o no lo es."

(La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski).


Navidad desordenada.

Guardar en la memoria el mapa de la anatomía de tu cuerpo para morirme de ganas. Que tengas que resucitarme con bocanadas de certeza incomprendida que se aniquilan con carismáticas miradas de aceptación recíproca y acontecimientos inverosímiles esparcidos por el suelo de tu cuarto.Y que llueva en mis ojos y te agarres aún más fuerte, porque hay tormenta y te he echado de menos. Me pido crear melodías al comerte la boca.

"Desnúdate que hay tormenta, y llueve por no llorar".

Sobrevivir dentro y fiera de tus sábanas.



Eres como pensar en prosa.
La misma que brilla en tus labios
Y se esparce por las costuras
De las ganas de ponerte el mundo del revés.
Y empezar por desordenar tu lado de la cama.

Sacar de paseo al caos
Y que lo columpies entre los hoyuelos de tu boca
y afines suspiros
Mientras sujetas un café sin edulcorante.

Y luego te da por sonreír y yo quiero quedarme a vivir
en el hueco de tus dientes,
Que muerdes con solo mirar.
Que miras con solo morder.
Y empezar a pensar en el arte 
de desabrocharnos las maneras
y crear bandas sonoras en tu cuello 
para sobrevivir dentro y fiera de tus sábanas.

Y luego amanece y te peinas los miedos
con un cepillo de iones,
Y es como si jugaras al escondite
con sobredosis de armonía diluida
en trozos de post-it pegados en tu piel
como necesidad de alejarse para luego tener que volver.

Y siempre volver.

Joder,Nietzsche,joder.

Providencia personal.
No tengamos un concepto demasiado elevado de esta destreza de los dedos de nuestra sabiduría cuando a veces nos sorprende en exceso la maravillosa armonía que surge al tocar nuestro instrumento: una armonía que suena demasiado bien para que nos atrevamos a atribuírnosla a nosotros mismos.
(…) es el querido azar, que nos lleva en ocasiones de la mano, y la más sabia Providencia no podría idear una música más bella que esa que entonces logra obtener nuestra insensata mano.

La Gaya Ciencia (Cuarto libro: Sanctus Januaris)

El arte de no saber hacer café y echarle la culpa al caos.


Tienes una textura diferente. Y ríes más de lo que la media lo hace. Tu forma de articular miradas es parecida a la de un armónico mal interpretado, que se confunde con las señales de humo de un universo inútil, que se condensa en las pestañas que acaban quemándose con el fuego de un mechero cargado de apología a tus brazos poliédricos, que abrazan pero no quitan calor.Y haces que esté prohibido no desordenarte el pelo, las sábanas y abanicar tus cigarros para que ardas cerca de mí.

Y te miro, y me entran ganas de extraviarte en cualquier rincón de la ciudad. Para que luego aparezcas en forma de eterno retorno y me seques las lágrimas con pañuelos impregnados de incertidumbre en dosis de consciencia intermitente, y no haya más remedio que desencriptar miradas en la oscuridad, como forma de pedirle al mundo perdón por no afinar el sonido del roce con los huesos de tus caderas a 432Hz.

Y echarle la culpa a la casualidad. Y que la casualidad viva entre tus piernas. Y no haya más remedio que esconderse debajo de tu edredón para luego tirarlo y echarle la culpa a la  (no) armonía de tu habitación.

Pero las casualidades no existen, tus partituras están desordenadas y a mí siempre me gustó dormir en  el hueco de la pared.



“La música es una mujer. La naturaleza de la mujer es el amor, pero este amor es receptivo y se entrega incondicionalmente en la percepción”.

Richard Wagner.

Octubre.

Esa mala costumbre de eternizar la cordura para luego revocarla en pequeñas dosis de imperfectos del subjuntivo.